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Cuando se les pregunta por discos como éste o su antecesor The Ideal Copy (1987, Mute), Colin Newman, Graham Lewis, Robert Gotobed y Bruce Gilbert suelen referirse despectivamente a ellos como “Wire de los ‘80s”, cuando no los tratan de “basura” o “mierda”, sin más rodeos. Alegan que se les pasó la mano con los sintetizadores y las baterías programadas, aunque al mismo tiempo se defendían de las acusaciones respecto a que su sonido se había vuelto más refinado. En palabras de Lewis: “Eso es una falacia… Cuando se lanzaron los primeros álbumes de Wire, fueron considerados más pulidos que otros trabajos de la época. Con cada disco que hemos editado, se ha levantado la misma crítica al respecto. La abrasión está realmente en el contenido, tanto lírico como sonoro”. Con una banda que siempre ha jugado al despiste lírico, creando canciones que jamás tienen una única lectura, es más que necesario no quedarse con la primera impresión. Y aunque sus autores no estén de acuerdo, si esto es Wire de los ´80s… ¡Bienvenidos los ‘80s!

Tras varios años de pausa en los que exploraron las ideas que no cabían en el concepto de la banda -en solitario o en proyectos como Dome- los cuatro músicos volvieron a reunirse como un “combo beat” (juego de palabras en referencia a las bandas beat de principios de los ‘60s, aunque también podría referirse a su interés por la música electrónica). Con ese enfoque en mente, lanzaron este álbum que fácilmente puede ser lo más accesible que hayan editado, sin sacrificar la calidad en el resultado final.

En A Bell Is A Cup… Until It Struck la urgencia aparece con cuentagotas, como en la vertiginosa “It’s a Boy” o “Come Back In Two Halves”; en cambio, se privilegia la investigación de texturas y atmósferas dentro de un peculiar contexto pop oscuro, seductor e hipnótico desde el inicio con “Silk Skin Paws”, en donde las capas de guitarras eléctricas, el bajo pulsante y la percusión metronómica sirven de vehículo para letras que pasan del enfoque poético para situaciones comunes (un recorrido por las calles de Londres en “The King Of Ur And The Queen Of Um”, un grupo de palomas alimentándose de desechos en “A Public Place”) a la corriente de conciencia en estado puro (“Kidney Bingos”, o cómo emocionar pronunciando solo palabras inconexas entre sí), entonadas por un Newman que prefiere recitar más que cantar, dándole una profundidad más detallada a sus giros verbales que, como de costumbre, dan juego para encontrarles más de un único significado.

Sin llegar a las alturas de la trilogía inicial editada por Wire entre 1977 y 1979, A Bell Is A Cup… Until It Struck es un más que digno álbum de art-pop, muy de su época pero que al mismo tiempo logra no sonar anclado al pasado más de treinta años después de su publicación. La satisfacción está garantizada.    Disponible en Disquería Kali Yuga Distro!

Pablo Renato