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The Pogues – If I Should Fall From Grace With God (1988, Island)

El tercer álbum de The Pogues -nombre tomado de la expresión “Pogue Mahone”, anglicismo para la frase gaélica “póg mo thóin”, literalmente: “Bésame el culo”- encontró a la banda londinense en un punto de inflexión. A la salida de la bajista original Caitlin “Cat” O’Riordan – apodada así por su tendencia a solucionar todo con un puñetazo en la cara de quien le diera problemas y casada en ese entonces con Elvis Costello, productor del anterior Rum, Sodomy & The Lash de 1985 – y la llegada de los nuevos integrantes Darryl Hunt (bajo), Phil Chevron (guitarra, fallecido en 2013) y Terry Woods (mandolina), se sumó una apertura a sonoridades de otras latitudes que condimentaron su adictiva mezcla de punk y folk irlandés.

Liberados del contrato con su antiguo sello Stiff Records y finiquitada su relación con Costello – con quien aumentaron las tensiones al iniciar su relación con O’Riordan-  The Pogues comenzaron a trabajar junto al productor Steve Lillywhite en este disco,  donde sublimaron su propuesta que siempre mantuvo un pie en la tradición y el otro en el rupturismo, mostrándolos de paso en pleno dominio de sus capacidades. La mezcla perfecta entre la poesía de Shane MacGowan y las formidables composiciones elaboradas por la banda crean una pieza frente a la cual es imposible quedarse quieto: Ya desde el inicio a toda máquina con el tema que da título al álbum, una fusión de folklore celta con The Clash, entramos en un torbellino de ritmos donde caben relatos de perdedores que tienen un golpe de suerte (el apostador que juega todo su dinero en el hipódromo a un caballo que, contra todo pronóstico, gana la carrera en “Bottle Of Smoke”), historias de piratas y espectros aderezadas con influencias de la música turca (“Turkish Song Of The Damned”, título inspirado en una frase aparecida en artículo sobre The Damned, aunque nada tiene que ver con el combo de Dave Banian), himnos instantáneos sobre el sufrimientos y las esperanzas de los inmigrantes (“Thousands Are Sailing”, compuesta por Phil Chevron), el imposible relato bilingüe aderezado con bronces de una juerga en Almería junto a Joe Strummer mientras la banda participaba en la película “Straight To Hell”, de Alex Cox (“Fiesta”, uno de esos temas a los que se les encuentra más o menos sentido dependiendo de los grados alcohólicos que se tengan en el cuerpo) o la incontestable “Fairytale Of New York”, nacida a raíz de una apuesta hecha por Elvis Costello mientras aún se dirigían la palabra.

El autor de My Aim Is True los desafió a componer una canción de Navidad que no resultara empalagosa, y vaya que lo lograron, aunque no sin dificultades: Tras desechar una versión primeriza, se compuso la definitiva que estaba pensada para ser interpretada a dúo entre MacGowan y O’Riordan, pero debido a la salida de la bajista se vieron obligados a buscar a otra cantante. Mientras tanto, Steve Lylliwhite pidió a su esposa Kirsty McColl que grabara una toma de prueba para testear la interpretación a 2 voces. La banda había considerado contratar a Chrissy Hynde (Pretenders), pero quedaron tan impresionados al escuchar la cinta de McColl que no hubo más vuelta y así se registró esta balada sobre una pareja de inmigrantes que se dice sus verdades en Nochebuena.

El desenfreno beodo de “Fiesta”, que continúa en “Medley”, sin embargo, da paso al último tramo del álbum donde las canciones se vuelven más reposadas, aunque no por ello menos intensas: Desde la balada en 2 partes sobre el líder de la independencia irlandesa Michael Collins y  los grupos activistas irlandeses The Biirmingham Six y The Guildford Four (apresados en Inglaterra acusados de terrorismo) en “Streets Of Sorrow / Birmingham Six”, pasando por el sentido homenaje a su ciudad en “Lullaby Of London” -por muy punk y desordenados que fueran, también tenían su corazoncito- hasta refugiarse nuevamente en la tradición con la tripleta de “Sit Down By The Fire”, “The Broad Majestic Shannon” y la lúgubre aunque graciosa “Worms”, original de Julian Hamilton / Kimberley Moyes, que sirve de cierre a este disco que demuestra cómo la calidad compositiva/interpretativa y el éxito de ventas pueden convivir a la prefección. Como curiosidad, esta edición estadounidense incluye una canción adicional (“South Australia”, que te hace sentir como si estuvieras celebrando en un tradicional pub irlandés con mucha cerveza negra de por medio) y una portada alternativa que originalmente decoraba la funda interior del disco, donde se ve un montaje fotográfico de los integrantes de la banda a partir de una imagen del escritor James Joyce (el cuarto de izquierda a derecha, para más señas).

Ideal para subir el ánimo o para armar la fiesta sin más, este es otro de esos álbumes que conviene tener siempre a mano. Cuando podamos volver a juntarnos con nuestras familias y amigos, If I Should Fall From Grace With God debe sonar muy fuerte.