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Bill Callahan, el hombre detrás de Smog, es de esa clase de artistas en que cada EP, single o LP ha significado un paso adelante en la creación de un sonido totalmente personal, donde se leen las lecciones bien aprendidas de gente como Nick Drake, Phil Ochs, Neil Young -ya sea en solitario o en sus andanzas eléctricas junto a Crazy Horse- o el omnipresente Bob Dylan. Tras editar entre 1988 y 1990 bajo su propio sello Disaster -que también funcionaba como fanzine- una serie de demos que ahora es mejor no recordarle (“Era como un mono pintando las pareces con su propia mierda. Un periodo muy táctil, estaba muy metido en las texturas de los sonidos y la forma en que el micrófono distorsionaba alguna cosa») fichó por el sello Drag City, uno de los baluartes de la escena independiente norteamericana.

A través de discos y EPs como el aún precario Forgotten Foundation (1992), Julius Caesar (1993), Burning Kingdom (1994), Wild Love (1995) o Kicking A Couple Around (1996), Callahan junto a Cynthia Dall -su pareja y socia creativa en esos primeros años- pavimentó el camino hasta llegar al desolado The Doctor Came At Dawn, sin duda, uno de los discos más desnudos y tristes que se hayan editado en los 90s.

Sostenido básicamente sobre guitarra acústica y piano, con puntuales arreglos de cuerda y coros a cargo de Cynthia -cuya relación amorosa con Callahan, a esas alturas, había terminado- el disco nos muestra a hombre desencantado, a un paso del abismo, que relata los detalles del inicio del amor y los sinsabores de la separación a través de letras desarmantes, en donde afloran ese oscuro sentido del humor y el afilado sarcasmo marca de la casa.

La inicial “You moved in” deja claro por donde irán los tiros, con esa instrumentación en cámara lenta que termina por envolverlo todo, mientras se recuerda el principio del romance (“Te mudaste a mi hotel / podrías haberlo hecho mejor / en fin…”) con una voz inexpresiva que es constante en casi todo el disco, ya sea en el dueto con Cynthia en “Lize”, donde ambos parecen decirse sus verdades en una discusión sofocada (“Ya no mientes como solías hacerlo”) o en la emotiva “All your women things”, donde Bill, más solo que la una, construye un relato que puede parecer fetichista, pero termina por revelarse como una sincera canción de amor (“Todas tus cosas de mujer / esparcidas por mi habitación / justo donde las dejaste / cuando te fuiste / esparcidas por mi habitación… Toda tu dureza / toda tu suavidad/ y tu piedad”). Hay un par de momentos en que la instrumentación y la voz se hacen más luminosos, pero es solo un espejismo: La animada “Somewhere in the night” podría hacernos pensar que el bueno de Callahan ha superado sus problemas de un momento a otro, pero en realidad es un llamado a su pareja a que deje de perder el tiempo con él y se quede con otro (“Deberías abandonarme / y consagrar tu tiempo / a besar la cuchara con la que él alguna vez te alimentó”). Siempre en el límite entre la autoparodia y el autodesprecio, entre el lamento doliente y el humor negro, este disco nos muestra a un compositor alcanzando la madurez, y frente a eso no queda más que rendirse. Para atesorarlo y escucharlo cada vez que sea necesario.

Disponible en Disquería Kali Yuga Distro.

Por: Pablo Meneses.