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Rugby es una tradicional ciudad británica conocida por ser el lugar en donde se originó el deporte de contacto que lleva su nombre. Fue ahí, en 1982, donde cruzaron sus caminos Peter “Sonic Boom” Kember y Jason “J Spaceman” Pierce, dos fanáticos de The Velvet Underground, The Stooges, Suicide, The Sonics y The 13th Floor Elevators que comenzaron a hacer música junto al baterista Natty Brooker y el bajista Pete “Bassman” Bain como una forma de escapar a la anodina cotidianeidad de su entorno, dando forma a un minimalista magma sonoro que rescataba lo más crudo de la psicodelia original, aquella que fue creada a principios de los ‘60s en garajes  al calor de guitarras distorsionadas preñadas de fuzz y amplificadores al tope de su potencia.

Tras debutar en 1986 con Sound Of Confusion (Glass Records), la inquietud de Kember y Pierce -líderes indiscutidos y los únicos músicos presentes en todas las alineaciones del grupo- junto al aburrimiento que les causaba tocar las mismas canciones una y otra vez, los llevó a iniciar los preparativos para lo que sería The Perfect Prescription, obra en donde se abrieron a nuevos sonidos respecto a su opera prima, con la cual nunca quedaron conformes: Siempre consideraron como su verdadero debut a Taking Drugs To Make Music To Take Drugs To (1990, Father Yod), la sesión  de ensayos de 1986 cuyo título es toda una declaración de intenciones que se complementaba con las declaraciones de sus fundadores a los medios, donde opinaban sin tapujos sobre el consumo de drogas recreativas, que los impulsó siempre a expandir los límites propios y ajenos. Como escribió un cronista de la -tristemente- desaparecida revista española Rockdelux, “Spacemen 3 fueron una banda on drugs de la cual no podría imaginarse una versión sobria”.

Así, tras fichar a Stewart “Rosco” Roswell como reemplazo de Natty Brooker, cuya conducta cada vez más errática llevó a su expulsión, en enero de 1987 los Hombres Del Espacio se trasladaron a los estudios VHF, ubicados cerca de su ciudad natal, para comenzar a trabajar en el material que daría forma a su nueva obra. El lugar necesitaba modernizar su equipamiento, por lo que ambas partes llegaron a un acuerdo: A cambio de financiar unas flamantes consolas de 16 pistas para grabación y mezcla, la banda recibió tal cantidad de horas extra de grabación que pasaron más de ocho meses experimentando y desarrollando su sonido en un ambiente especialmente acondicionado por ellos mismos. En palabras de Kember: “Ese proceso fue ver a Spacemen 3 floreciendo, a mediados de verano, antes de que las semillas se dispersaran, en el punto exacto en que nos complementábamos y trabajábamos bien juntos. Todavía recuerdo esos días en los que nos quedábamos escuchando alguna toma de una canción una y otra vez… Instalamos colchones en el área de descanso del estudio y nuestro sistema de luces caleidoscópicas estuvo encendido durante todas las sesiones. Pasamos varios meses grabando y volviendo a trabajar en estas piezas, hasta que sentimos que estaban listas. A medida que avanzábamos, poco a poco aprendimos más sobre el trabajo en el estudio y sus técnicas”

Pensado como un álbum conceptual sobre las experiencias -buenas y malas- de los propios músicos con la heroína, The Perfect Prescription nos muestra a una banda en estado de gracia encontrando su voz propia al mismo tiempo que amplía su espectro hasta sonoridades más orquestales, cercanas al soul y el gospel, mientras se deja de lado la distorsión en algunos pasajes, para crear las distintas atmósferas del viaje que se inicia con “Take Me To The Other Side”, donde hay espacio para homenajear a Lou Reed en “Ode To Street Hassle”, además de integrar instrumentos como teclados en “Walkin’ With Jesus” – donde Pierce, ateo confeso, empezó a explorar la dualidad entre el éxtasis químico y la revelación religiosa- , un violín que acompaña los drones de órgano en la placentera “Ecstasy Symphony / Transparent Radiation (Flashback)”- una versión de The Red Krayola- y saxo para prolongar el goce en “Feel So Good”, que es interrumpido por el agresivo feedback de “Things’ll Never Be The Same”, primera señal de que las cosas ya no marchan tan bien y el regreso al mundo real no será agradable: Los aires country/gospel de “Come Down Easy”, donde se incluyen elementos del standard “In My Time Of Dying”,  son el preludio al colapso final de “Call The Doctor”, donde Kember, resignado a su suerte, lanza su último grito/susurro de auxilio (“Call the doctor pretty baby, you know I’m near to my last breath;  You’d better hurry now honey, or you’re gonna be my death…”) mientras poco a poco la canción se disuelve y el viaje llega a su fin.

Lanzado en su momento por Glass Records, y disponible nuevamente en su versión original gracias a la saludable política de reediciones del sello Fire Records, The Perfect Prescription

supuso un gigantesco paso adelante para Spacemen 3, otorgando a su música una nueva dimensión creativa y espiritual, convirtiéndolo por derecho propio en uno de los hitos de los 80s. Lo que tenemos acá es una pieza esencial para la discoteca de cualquier persona interesada en los derroteros del rock más inquieto, tanto por su retrato de luces y sombras del espíritu humano, como por su amplitud sonora, que fue caldo de cultivo para alumnos aplicados como Galaxie 500, Yo La Tengo o los primeros Stereolab. Sin causar contraindicaciones, esta prescripción perfecta sigue vigente a 33 años de su publicación original. Absolutamente imprescindible.

Pablo Renato