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Formados en 1997, en medio del período más álgido de la escena musical de Chicago, Isotope 217 fue unos de los proyectos satélites surgidos desde el seno de Tortoise, uno de los buques insignia del sello Thrill Jockey. Integrada originalmente por Jeff Parker, John Herndon y Dan Bitney (Tortoise) junto a Matt Lux y Rob Mazurek (Chicago Underground) y la trombonista Sara P. Smith, la banda se decantó por una amalgama de jazz, rock y funk -donde cabían desde hipnóticos drones de guitarra, el sonido sedoso de algún sintetizador antiguo, instrumentos de viento o toques dub- que, impulsada por el espíritu aventurero de los músicos involucrados, evitó empantanarse en los terrenos más soporíferos del jazz fusión, llegando a ser considerados por algún cronista como “el sueño más húmedo de Miles Davis hecho realidad”.

Reducida a quinteto tras la salida de Smith, en Who Stole The I Walkman? -cuarto trabajo hasta ahora tras los notables The Unstable Molecule (1997, Thrill Jockey), Utonian Automatic (1999, Thrill Jockey) y el EP Remixed by Commander Mindfuck and Designer (1999, Aesthetics)- la banda optó por darle una nueva vuelta de tuerca a su mixtura sónica,   agregando música electrónica de raíz germana, en una movida que, como era su costumbre, estuvo guiada por los postulados de la Fonometría, descrita por Erik Satie como “la ciencia de medir el sonido”.

En este trabajo que parte jugando a despistar al oyente – su título no da muchas pistas de lo que se va a escuchar, y su portada homenajea al EP homónimo de Squirrel Bait, leyendas de la movida (post) punk de Louisville- la banda toma como base las lecciones aprendidas, justamente, del período eléctrico del desaparecido trompetista estadounidense para embarcarse en un viaje que tanto tiene de introspectivo como de exploratorio, donde se intercalan sinuosas jams contaminadas con ruidos procesados como la inicial “Harm-O-Lodge” con breves interludios de ambient enrarecido “Space Krikts”, “Kidtronix” o “Moonlex”, en donde drones generados por computador se mezclan con los bronces de Rob Mazurek y cintas pasadas al revés para crear envolventes atmósferas aislacionistas nunca antes practicadas por este ensemble. El diálogo de un saturado bajo con una batería acústica, una drum machine y un esquivo piano en “II” es la antesala del último tramo, donde una intensa ejecución grupal construyen el crescendo a fuego lento de la arrastrante “Moot Ang”, que desemboca en un caótico – y hermoso – final lleno de disonancias en oposición al minimalismo de “Sint_D” o “Input”, donde se prepara el terreno para “<<” y “>>”, finas muestras de orfebrería digital en donde improvisaciones en directo y en estudio de la banda son trozadas y reensambladas, dándole en el proceso un soplo de aire fresco tanto a la forma de reinterpretar el jazz como a la escena de eso que se llamó post rock, que ya comenzaba a mostrar signos de agotamiento antes de caer en el triste cliché  que es ahora.

A casi 20 años de su publicación, Who Stole The I Walkman? sigue siendo un disco de digestión lenta, pero que crece a cada escucha, como testimonio de que la naturaleza atrevida y exploratoria del jazz sigue viva entre sus surcos. Y ya que en pedir no hay engaño…

¿Para cuándo un nuevo disco de Isotope 217?