Skip to main content

Flying Saucer Attack – In Search Of Spaces (2017, VHF)

Formados en 1992 en Bristol por David Pearce y Rachel Brook, Flying Saucer Attack (FSA) fueron parte de la otra movida de la ciudad puerto británica, que en ese momento recibía toda la atención gracias a Massive Attack, Tricky y Portishead. Así, prácticamente de espaldas a los medios, el Ataque De Los Platillos Voladores comenzó su propia revolución, basándose en el noise, el dream pop y el folk de próceres como Nick Drake para facturar una música de alto impacto emocional/sensorial, que ellos definieron -medio en serio, medio en broma- como “psicodelia rural”.

Con una economía de medios que hacía aún más sorprendente el sonido de sus canciones, -evitaban a toda costa los estudios de grabación y la mayoría de su material fue registrado usando un equipo stereo casero- de la mano con una filosofía que esparcían en sus álbumes a través de frases como “Keep vinyl alive” o “Home taping is reinventing music”, la pareja editó a comienzos de 1993 los singles Soaring High y Wish / Oceans bajo su propio sello FSA Records, antes de lanzar su debut homónimo a fines del mismo año, que les granjeó la atención  de parte de la crítica especializada y les ayudó a construir una base de fans incondicionales que esperaban cada nuevo lanzamiento como si en ello se les fuera la vida.

Tras ser fichados por Domino Records en Europa, dividir la licencia de sus discos en Estados Unidos entre VHF Records y Drag City y lanzar el imprescindible Further en 1995, al año siguiente la pareja nos sorprendió con In Search Of Spaces, una obra tan misteriosa como atractiva que nos permitía por primera vez experimentar el sonido en vivo del proyecto. Valga la aclaración: Éste no es el típico disco en ese formato, sino que es una de esas saludables anomalías que justifican su existencia. Editado originalmente solo en CD a través del oscuro sello neozelandés Corpus Hermeticum -propiedad de Bruce Russell, integrante de los veteranos The Dead C-, In Search Of Spaces constaba de un único track de 50 minutos ensamblado a partir de grabaciones hechas por el público durante los escasos conciertos que FSA ofrecieron durante sus primeros años, donde Brook y Pearce contaron con la ayuda de músicos como Matt Elliot y Debbie Parsons (The Third Eye Foundation), un ex integrante de los olvidados The Flatmates que responde al apodo de Rocker, y Sam Jones, de Crescent.

Fieles a la filosofía lo-fi del dúo, las cintas usadas en esta obra capturan la energía en bruto del proyecto al mismo tiempo que juegan con nuestra percepción: Las baterías parecen provenir de algún lugar lejano, mientras las guitarras saturadas de distorsión y eco crean drones impulsados por las líneas que bajo, dando forma a un envolvente magma sónico que construye caminos hacia otras dimensiones: una invitación al viaje, ni más ni menos, sea cual sea el sentido que quieras darle.

En esta reedición en doble vinilo, el material fue nuevamente recopilado por Jim O’Rourke, quien se encargó de editar el el track original, dividiéndolo en tres secciones que deben escucharse en el orden sugerido que indican las etiquetas de los discos (en la práctica, el orden es A1 – B1 – A2). La segunda cara del segundo LP contiene un segmento adicional restaurado expresamente por O’Rourke, y que en su  momento fue rechazado por Dave Pearce por considerarlo “demasiado rockero”, aunque en esta ocasión contó con su aprobación: sin bien es más intenso en sus primeros minutos, con las guitarras y la base rítmica creando un muro sónico infranqueable, mantiene sus cualidades mesmerizantes  y poco a poco va mutando hasta desembocar en el mismo final de la pieza original. Pese a la fragmentación en 3 partes, el efecto hipnótico del disco es el mismo, desde los tranquilos pasajes del comienzo que van apilando capas sobre capas de texturas ruidosas, sumiendo al auditor en un estado ingrávido que solo se intensifica mientras la música toma aires más tribales e intensos, para luego ir desvaneciéndose lentamente hasta hacerse parte del aire, dejándonos con la sensación de haber recorrido solo una parte del ancho camino que este trabajo puede desplegar ante nosotros.

Además de los cambios en el contenido, también hay modificaciones en el continente: La edición original en CD venía en una preciosa caja de cartón reciclado con postales pintadas a mano, un sobre con una imagen de un platillo volador para contener el disco y la críptica imagen de un portal de piedra en la portada (¿la puerta al otro mundo?); en esta ocasión, se incluye una maravillosa funda gatefold con la imagen de un abandonado menhir en medio de un campo abierto, como si fuera un indicador de que hemos llegado a esos espacios que se buscan en el título del álbum, junto con un cupón de descarga digital para almacenar este trabajo en su dispositivo portátil favorito.

Una pieza ideal para desconectarse de la locura del mundo exterior, In Search Of Spaces es la llave que abre un mundo desconocido y atractivo, donde podemos encontrar nuevos senderos que recorrer con cada escucha mientras nos arropamos con sus capas de distorsión eléctrica. Altamente recomendado.